Vacunas: Mito versus hecho

Última actualización octubre 2020 | Este artículo fue creado por el personal editorial de familydoctor.org y revisado por Robert “Chuck” Rich, Jr., MD, FAAFP

Existen muchos conceptos erróneos comunes con respecto a las vacunas. Si se encuentra tratando de decidir si está a favor o en contra de las vacunas, aquí se ofrece información basada en la evidencia para aclarar cualquier confusión.

Mito: Las vacunas no funcionan.

Hecho: Las vacunas previenen muchas enfermedades que solían enfermar gravemente a las personas. Ahora que las personas están siendo vacunadas contra dichas enfermedades, estas ya no son comunes. Un ejemplo es el sarampión. Solía ser una enfermedad respiratoria grave que afectaba a los niños. Pero una vez que se desarrolló la vacuna y las personas se inmunizaron, este se encuentra casi completamente erradicado.

Una vacuna ayuda a su cuerpo a desarrollar inmunidad a una enfermedad en particular. La inmunidad significa que está protegido contra la enfermedad. Para que funcionen correctamente, las vacunas deben administrarse en determinados momentos. Esto se debe a que algunas vacunas tardan algunas semanas o meses en crear inmunidad en su cuerpo. Por lo tanto, usted y sus hijos deben recibir todas las vacunas según el programa proporcionado por su médico.

Mito: Las vacunas no son seguras.

Hecho: La seguridad de las vacunas es importante, de principio a fin. Cuando se desarrolla una vacuna, esta pasa por un proceso estricto y detallado supervisado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA). La FDA debe demostrar que la vacuna es segura antes de que esta pueda ser administrada a las personas.

Las vacunas pasan por muchas fases de prueba antes de ser administradas a las personas. Esto incluye pruebas en miles de personas y un análisis cuidadoso de los datos de las pruebas por parte de los científicos. Una vez que la FDA decide que una vacuna es segura para las personas, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) se une a la FDA para continuar monitoreando la vacuna a medida que se administra a las personas. Vigilan múltiples aspectos, incluyendo qué tan bien funciona y qué efectos secundarios se presentan.

Además de vigilar las vacunas, los CDC y la FDA controlan las instalaciones donde se fabrican las vacunas. Hacen esto para asegurarse de que las vacunas se produzcan de manera segura. Ambos grupos revisan cada lote de vacunas antes de distribuirlas al público, para asegurarse de que sean seguras.

Si tiene preguntas sobre la seguridad de las vacunas, hable con su médico. Solicite ver la Hoja de información sobre vacunas de los CDC, para obtener información acerca de cada una.

Mito: No necesito vacunas. Mi inmunidad natural es mejor que una vacuna.

Hecho: Muchas enfermedades prevenibles son peligrosas y pueden causar efectos secundarios permanentes. En cambio, es mucho más seguro y fácil ser vacunado. Además, estar vacunado ayuda a evitar la transmisión de la enfermedad a las personas no vacunadas que lo rodean.

Mito: Las vacunas incluyen una versión viva del virus.

Hecho: Las enfermedades son causadas por infecciones bacterianas o virales. Las vacunas engañan a su cuerpo para que crea que usted tiene la infección causada por una enfermedad en particular.

Algunas vacunas contienen una versión simulada de la infección. Pero su cuerpo cree que es la verdadera infección. El cuerpo busca protegerse de la infección, por lo que crea anticuerpos para atacarla. Los anticuerpos son guerreros contra las infecciones que viven en su sangre. Una vez que su cuerpo se deshace de la supuesta infección, los anticuerpos recuerdan cómo combatir la infección real. Esto lo hace inmune a la enfermedad.

Otras vacunas contienen versiones vivas de la bacteria o el virus que causa la enfermedad. Sin embargo, esas infecciones se han debilitado tanto durante el proceso de creación de la vacuna, que no pueden enfermarlo. Pero su cuerpo combate la infección como si fuera la versión fuerte de la infección. Esto también crea inmunidad.

Mito: Las vacunas tienen efectos secundarios negativos.

Hecho: Los efectos secundarios pueden ser comunes en las vacunas. De hecho, su médico puede indicarle que espere efectos secundarios menores. Sin embargo, el beneficio de recibir las vacunas supera la posibilidad de experimentar efectos secundarios. Los posibles efectos secundarios comunes incluyen dolor, enrojecimiento e hinchazón cerca del lugar de la inyección; fiebre leve de menos de 100.3 grados; dolor de cabeza; y una erupción.

Los efectos secundarios graves de las vacunas son raros. Si experimenta un problema grave después de recibir una vacuna, informe a su médico de inmediato.

Mito: Las vacunas provocan el trastorno del espectro autista.

Hecho: Existen pruebas de que las vacunas no causan autismo. Un estudio publicado hace más de 20 años sugirió por primera vez que las vacunas causan la discapacidad conocida como trastorno del espectro autista. Sin embargo, se ha demostrado que ese estudio es falso. Los investigadores han estudiado las vacunas y el autismo, y no han encontrado nada que los vincule. Por el contrario, los científicos han encontrado un gen relacionado con el autismo. Eso significa que los niños con autismo han nacido con el gen.

La coincidencia temporal podría explicar por qué la gente cree que las vacunas y el autismo están relacionados. Algunos niños comienzan a mostrar signos de trastorno del espectro autista aproximadamente al mismo tiempo que reciben la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola.

Mito: Las vacunas no son seguras durante el embarazo.

Hecho: De hecho, es todo lo contrario. Los CDC recomiendan que las mujeres embarazadas se vacunen contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. Además, si la mujer se encuentra embarazada durante la temporada de influenza, se recomienda que también se vacune contra la gripe. Estas vacunas pueden proteger a la madre y al bebé.

Un bebé desarrolla inmunidad cuando su madre recibe una vacuna. Y las vacunas pueden proteger al bebé durante algunos meses después de su nacimiento. Esto es especialmente importante, porque los bebés recién nacidos no cuentan con un sistema inmunológico completamente desarrollado. Si se enferman, puede resultar muy grave. Sin embargo, la inmunidad que un bebé obtiene de su madre solo dura unos meses después del nacimiento. Por eso es importante que su bebé reciba todas las vacunas sugeridas por su médico.

Mito: No tengo que informarle a nadie si decido no vacunar a mi hijo.

Hecho: Si decide no vacunar a su hijo, debe informar a ciertas personas. Estas incluyen a su médico y otros profesionales de la salud. Ellos necesitan estar informados para poder determinar mejor cómo cuidar a su hijo si se enferma. Además, la guardería, la escuela o la niñera de su hijo deben estar informados.

Las vacunas son requisito obligatorio para muchas actividades. No tener la vacuna adecuada puede interferir con sus planes. Estas instancias incluyen:

  • Escuela (K-12 y residencia universitaria)
  • Viaje

La Academia Estadounidense de Médicos de Familia (AAFP, por sus siglas en inglés) recomienda inmunizar a todos los niños, adolescentes y adultos utilizando las recomendaciones de la AAFP, a menos que ciertas alergias o enfermedades lo impidan. Hable con su médico sobre cualquier afección que tenga actualmente y el impacto de la vacuna en esa afección.

Preguntas para hacerle a su médico

  • ¿Cuál es la investigación sobre vacunas y autismo?
  • ¿Puedo retrasar una vacuna?
  • ¿Puedo contraer una enfermedad después de recibir la vacuna?
  • ¿Qué debo hacer si no tengo seguro médico o si mi seguro no cubre las vacunas?
  • ¿Qué vacunas necesito como adulto?
  • ¿Cómo sé si me dieron ciertas vacunas cuando era niño si no tengo los registros?
  • ¿Mi recién nacido está en riesgo de padecer ciertas enfermedades si no tiene la edad suficiente para recibir determinadas vacunas?

Recursos

 

 

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