Mantenga sano a su hijo durante la remisión del cáncer

Cada padre cuyo hijo ha sido diagnosticado con cáncer quiere oír esta palabra: remisión. Una remisión completa es cuando los signos y síntomas de cáncer han desaparecido. La remisión también puede ser parcial, donde algunos, aunque no todos, los signos y los síntomas han desaparecido.

Si bien la palabra es bien recibida, incluso celebrada, también puede traer sus propias preocupaciones y desafíos. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo podemos relajarnos? ¿Qué pasa si el cáncer regresa? ¿Podemos enfrentar la vida de ahora en adelante sin nuestro equipo de cáncer a nuestro lado las 24 horas del día los 7 días de la semana?

Camino hacia el bienestar

Recuerde, la remisión es una cosa buena. Significa que su hijo se siente mejor físicamente. Él tiene más fuerza, más energía y más tiempo para concentrase en ser un niño, en lugar de pasar todo su tiempo con los médicos y en tratamientos. Su hijo y toda su familia han pasado por una experiencia horrible. Nunca podrá volver a la vida exactamente como era antes del diagnóstico de su hijo. Pero la vida puede-y debe-ser completa y agradable para todos ustedes en el futuro.

Es importante saber que los sobrevivientes de cáncer infantil necesitarán seguimiento y supervisión por el resto de sus vidas. Ahora se encuentran en mayor riesgo de algo llamado efectos tardíos. Estos efectos pueden ocurrir poco después, o muchos años después de que se haya completado el tratamiento.

Hable con el oncólogo (médico especializado en cáncer) de su hijo sobre cómo obtener un resumen del tratamiento. El resumen debe incluir aquello con lo que debe tener cuidado de ahora en adelante su hijo. Guarde esto en un lugar seguro para que pueda compartirlo con el médico de atención primaria de su hijo y cualquier otro especialista que su hijo pueda ver más adelante.

También debe llevar un registro de los antecedentes de su hijo. En este momento, todo está fresco en su mente, pero las fechas y eventos son fáciles de olvidar a medida que pasan los años. Anote la información clave sobre el cáncer y el tratamiento de su hijo, incluidos:

  • La fecha de diagnóstico.
  • El tipo de cáncer por el que su hijo fue tratado.
  • Los informes patológicos que describen el tipo y la etapa del cáncer.
  • Las fechas y los tipos de los estudios por imágenes (por ejemplo imágenes por resonancia magnética o tomografía computarizada).
  • Lugares y fechas de los tratamientos (detalles de las cirugías, los sitios y las cantidades totales de radioterapia, los nombres y las dosis de quimioterapia y otros medicamentos, etc.).
  • Efectos secundarios o reacciones adversas a medicamentos o tratamientos tomados por su hijo.
  • Los nombres y los números de contacto de los miembros clave del equipo de tratamiento de su hijo.
  • El número de identificación y el título de algún ensayo clínico en el que participó su hijo.
  • Fecha de finalización del tratamiento contra el cáncer.

La frecuencia con la que su hijo tendrá que ver al oncólogo a partir de ahora dependerá del tipo de cáncer y los tratamientos que tuvo. Pero, en general, los supervivientes suelen volver al médico cada 3 a 4 meses durante los primeros 2 a 3 años después del tratamiento. Más allá de eso, los niños por lo general necesitan visitas regulares de seguimiento cada 6 meses a un año.

En cada visita, su médico le realizará a su hijo un examen físico y podrá controlar la sangre de su hijo y realizarle estudios como una resonancia magnética o una tomografía computarizada. Estos estudios buscarán efectos secundarios del tratamiento y verificarán si el cáncer ha regresado o se ha propagado a otras partes del cuerpo.

Comer bien y moverse más

De cara al futuro, es importante que sea prioritario para su hijo mantener una dieta saludable y hacer ejercicio. Una dieta bien balanceada puede ayudar a su hijo a recuperar su energía y revertir algunos de los daños que las drogas y la radiación puedan haber hecho. Una dieta saludable también puede ayudar a prevenir ciertos tipos de cáncer que puedan ocurrir con el correr de los años.

Incluya una variedad de alimentos en el plan de comidas de su hijo. Asegúrese de que su hijo incluya lo siguiente en su dieta diaria:

  • Abundantes verduras. Asegúrese de incluir verduras de color verde oscuro, rojo y naranja, legumbres (frijoles y guisantes), vegetales ricos en almidón y otros vegetales.
  • Frutas enteras.
  • Cereales, al menos la mitad deben ser cereales integrales.
  • Productos lácteos sin grasa o bajos en grasa. Algunos ejemplos incluyen la leche, el yogur y el queso.
  • Los diferentes tipos de proteínas, incluidos mariscos, carnes magras y aves de corral, huevos, legumbres (como guisantes y frijoles), frutos secos, semillas y productos de soja.
  • Aceites.

La dieta diaria de su hijo debe limitar:

  • las grasas saturadas que se encuentran en cosas tales como carne grasa, mantequilla y alimentos fritos. Las mismas deben constituir menos del 10 % de las calorías diarias de su hijo.
  • Azúcares agregados. El azúcar y los jarabes se agregan a algunos alimentos y bebidas cuando son procesados ​​o preparados. Esto incluye refrescos, dulces, productos lácteos azucarados, por ejemplo helados y cereales azucarados. Las mismas deben constituir menos del 10 % de las calorías diarias de su hijo.
  • Grasas trans. Estas son grasas sólidas a temperatura ambiente. Piense en margarina en barra, o cualquier cosa con el ingrediente “aceites parcialmente hidrogenados”.
  • Su hijo debe consumir menos de 2,300 mg por día.

Su hijo también debe realizar al menos una hora de algún tipo de actividad física casi todos los días de la semana. Puede tener que empezar poco a poco. Comience con 10 a 15 minutos de caminata tranquila todos los días. A medida que se sienta más fuerte, agregue unos minutos a la vez hasta que llegue a una hora por día.

Asegúrese de que sus hijos mayores entiendan que el consumo de tabaco, alcohol y drogas que no sean las recetadas pueden empeorar los efectos de la quimioterapia o la radiación. También pueden aumentar el riesgo de cánceres secundarios.

Cuestiones a considerar

Cuando un niño tiene cáncer, múltiples tratamientos pueden ser utilizados para combatirlo. Desafortunadamente, estos tratamientos no diferencian entre células enfermas y sanas. Debido a esto, los niños que han tenido cáncer a menudo experimentan lo que se llaman “efectos tardíos”. Estos son problemas de salud que se producen meses o incluso años después. Pueden afectar al niño física y mentalmente.

El hecho de que se produzcan efectos tardíos y su gravedad dependerán de varias cosas, entre ellas:

  • el tipo y el lugar del cáncer
  • la edad del niño al momento del diagnóstico
  • el tratamiento utilizado
  • los antecedentes familiares
  • los hábitos de salud del niño en el futuro.

Es por eso que la atención de seguimiento regular y un estilo de vida saludable son tan importantes para los niños que han tenido cáncer.

Preguntas para el médico de su hijo

  • ¿Qué tipos de síntomas que significan que debo llamarlo debería tener en cuenta?
  • ¿Qué médicos debe ver mi hijo ahora que el cáncer se ha ido?
  • ¿Con qué frecuencia debe ver a un médico?
  • ¿Qué se puede hacer para hacer frente a los problemas de mi hijo (dolor, fatiga, etc.) después del tratamiento?
  • ¿Cuánto tiempo hay que esperar hasta que mi hijo vuelva a ser el mismo de antes?